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domingo, 11 de julio de 2010



“Epifanía de las Altas Pertenencias
y Sonetos del Hechizo Incandescente”

Autor: Luis Angel Marín Ibáñez
TAPA: José Luis Nombela Gómez

Editado por: Editorial ARIES

Voy a intentar de una manera sucinta aclararles el substrato que envuelve al poemario "Epifanía de las altas pertenencias". Este poemario es fruto de una evolución que yo denomino "Integracionismo", donde van cogidos de la mano, la razón el ensueño y el delirio-esto es, realismo surrelismo y creacionismo-, fundiéndose en un crisol para la elaboración de un estilo propio. Mediante una técnica ultraísta, las imágenes van desfilando caleidoscópicamente, para llevarnos a un nuevo mundo alejado de la realidad, que sólo habita en mi imaginación. A pesar de lo que diga Bretón en su teoría del surrelismo, no existe la escritura automática, siempre hay un voluntad de acción y, a pesar del carácter mallarmaniano de la obra, esta no es sino un apéndice del mismo, ya que la originalidad no la baso exclusivamente en el campo del intelecto, sino también, en el campo de las sensaciones, como buen hijo del simbolismo. El poema es un desafío entre el SER y el NO SER, tendiendo al último límite de la imaginación, más allá de la vida y la muerte, más allá de la razón y el ensueño, más allá del Espacio y el tiempo, más allá del olvido y la memoria. Se podría decir, que es el lenguaje de la primera noche del mundo y también el lenguaje del último amanecer.
No busco la verdad absoluta, busco mi verdad, por los caminos de la fantasía y con la serenidad de la realidad. El poeta debe ser un enamorado del vértigo, un enamorado de los grandes abismos y de las grandes cumbres. El arte consiste en separarse más y más de la naturaleza, pero el hombre pertenece a la naturaleza y no puede evadirse de ella, debiendo obtener de su entorno la esencia de sus creaciones. Hay que crear un ambiente propio, ese ambiente que nunca ha existido, debe modificar el hombre, transformar la vida, el poema debe de dar una descarga eléctrica, una especie de milagro, el poema es un poema dentro de otro poema, una alegría del lenguaje, por eso es el arte de la transusbtanciación. El Alma del poeta tiene que ser mitad sombra mitad luna, sin definir los conceptos, alejado de la poesía matemática, la poesía no la entiendo sin ocultismo, en el poema siempre debe de bullir un misterio.
El delirio es irracional en la vida, pero una realidad en el poeta, una vía hacia la conquista del infinito, el patrimonio sagrado de los poetas. Los versos tienen que estar hilvanados armónicamente para que resuenen como una caracola en los cerebros, más nunca los debemos encorsetar rígidamente, si lo hacemos romperemos su belleza, música y ritmo deberán ir cogidos de la mano, pero no con un abrazo absoluto, el espíritu lúdico quedará plasmado en una rima que pasará casi inadvertida, y nos hará de cosido auditivo.
La poesía es el canto de la irrelidad, es la plagaría de nuestra psique a los dioses, enseñando a los hombres las veredas infinitas del Universo, haciéndoles sentir toda la inmensidad del Cosmos. El poeta cuando tiene el lápiz en la mano, en ese momento de vértigo, no debe tener ninguna duda: es el mejor poeta del mundo.
Es imposible crear mundos si no se sienten los atabales del Silencio, Lorca los denominaba sonidos negros, y cunando estos existen, hay duende, y donde hay duende hay transmisión al corazón del pueblo y, este nos abre sus brazos y se embriaga de versos. Pero que son los atabales del Silencio? Yo no lo sé con exactitud, no lo sabría concretar, creo que nadie lo ha conseguido definir, solamente os diré que a veces al escribir todo mi Ser era una pila de energía y por mi lápiz bullía la profundidad del Universo. He terminado algunos poemas con la mano empapada de sudor y a mi mente venía las metáforas más sorprendentes, se unían palabras imposibles y creaba mundo que rompían la realidad preconcebida.


Luis Ángel Marín Ibáñez
Tenerife - España
luisamariniba@yahoo.es

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